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LAS RAZONES POR LAS QUE TRABAJAMOS

¿Para qué trabajar? en el libro del génesis Dios castiga al hombre por desobediente y lo condena a sacar con fatiga los alimentos de la Tierra y comer el pan con el sudor de su frente, puede interpretarse como que el trabajo es una consecuencia de conocer la diferencia entre el bien y el mal, un efecto de distinguirnos de los animales. Sorprendentemente Karl Marx está en la misma sintonía, para él el trabajo es una característica específicamente humana, aunque no necesariamente un castigo, para él trabajar no sólo nos permite vivir, sino ejercitar nuestra creatividad y desarrollar todo nuestro potencial; desgraciadamente decía Marx el trabajo también puede ser enajenante cuando es forzado.


Desde la Grecia clásica se veía con cierto desprecio a las personas que tenían que trabajar para vivir, se apreciaba la dedicación y el esfuerzo de un buen artesano, agricultor o incluso un esclavo, pero eso no quitaba que se viera como una actividad inferior, los verdaderos hombres libres no tenían que preocuparse por esas cosas y podían dedicarse al arte, la política, el deporte y la filosofía, solo hombres, porque las mujeres ya estaban destinadas a actividades domésticas y de cuidado, otras formas de trabajo consideradas subordinadas.


Esta separación entre trabajadores y propietarios se perpetuó durante el periodo feudal y con nuevas formas, siguió hasta tiempos de Marx en forma de capitalismo. Karl veía cómo la pasaban los obreros en las fábricas y concluyó que esa forma de trabajar era forzada. La gente no trabajaba para ejercitar su creatividad o desarrollar su potencial, sino simplemente porque no querían morir de hambre, a este tipo de trabajo le llamó “enajenante” porque vuelve ajeno, separa, ¿qué separa? los trabajadores producen productos que ni ellos pueden comprar para personas que ni siquiera conocen y para generar dinero que no es para ellos, finalmente quienes trabajan suelen ocuparse de partes tan minúsculas del proceso que quedan desconectados del propósito, ya no saben para qué trabajan.


El trabajador se vuelve un engrane más de la maquinaria y la vida misma se separa del trabajo. Vivir es lo que se hace en las horas que quedan libres ¿te suena familiar? en muchos lugares algunos aspectos del sistema han cambiado y otros permanecen. Además, no todos vivimos en las mismas condiciones y tenemos distintos grados de libertad. Hoy hablaremos de cómo podríamos aprovechar el grado de libertad que tenemos para tomar decisiones respecto a nuestro futuro profesional, para eso conviene saber el propósito de nuestros esfuerzos y para eso nos servirá saber en la actualidad para qué trabajamos.


Los autores Neel Doshi y Lindsay Mcgregor nos dicen que hay 6 principales razones para trabajar y las ordenan de la menos motivante a la más motivante y nosotros diríamos de la más a la menos enajenante.


1. La inercia, trabaja simplemente porque es lo que hiciste el día anterior y el día anterior a ese. Quizá no tuviste oportunidad de elegir y a estas alturas sientes más riesgoso cambiar que seguir haciendo lo mismo.

2. La presión económica, necesitas el dinero o, aunque no te haga tanta falta, tienes la ambición de tener más. Tu razón para elegir empleo no es el empleo en sí, sino la recompensa económica que ofrece.

3. La presión emocional, trabajas porque sientes vergüenza o culpa de no trabajar, o quizá elegiste ese empleo en particular porque te da prestigio, o te hace sentir importante


4. El potencial, elegiste ese trabajo porque te ayuda a alcanzar otras metas, quizá no es el mejor, pero es algo temporal que te ayudará a obtener tu empleo ideal o a lograr otro objetivo personal.


5. El propósito, el empleo que tienes está de acuerdo con tus valores y metas, sientes que perteneces a algo más grande, que estás logrando algo significativo que mejorará el mundo y eso da sentido a tu vida.

6. El juego, esta es la razón más motivadora, estás en ese trabajo porque lo gozas muchísimo, encuentras los retos emocionantes y los problemas que resuelves te levantan el ánimo, te levantas con ganas de trabajar porque disfrutas tu labor.


Los autores llaman a los 3 primeros “motivos indirectos” porque no tienen que ver con el trabajo mismo y no aconsejan elegir empleo por esas razones. Los 3 últimos son “motivos directos” relacionados con la labor que desempeñas, y dicen que son buenas razones para elegir un trabajo o profesión. Además, mientras más arriba en la escalera esté una persona, mayor será su compromiso y su productividad, por no hablar de su realización personal.


Para escoger una profesión gratificante conviene que sea económicamente satisfactoria, que también sea disfrutable y te apasione a nivel personal y claro, que tengas la habilidad para realizarla. Pero, para tener completo el ikigai, sería ideal que la profesión que elijas tenga un propósito mayor, que el sentido de tu trabajo esté alineado con el sentido de tu vida, por supuesto que no hay un acuerdo sobre cuál es el sentido de la vida, si profesas una religión el sentido podría estar en una realidad que trasciende el mundo físico, y si no, los filósofos han propuesto varias posibilidades de sentido en este mundo, la búsqueda de placer y el disfrute o el cultivo del conocimiento y la virtud o incluso, el cumplimiento de una voluntad de poder, la manifestación de todas tus capacidades y potenciales.


Alejandro Jodorowsky narra en una de sus fábulas que un día, un personaje emprendía la búsqueda de un árbol famoso porque era inmortal, después de un largo periplo encontraba el lugar donde había de estar el célebre árbol eterno, pero en su lugar solo había un agujero, preguntó qué había pasado con el árbol y le contestaron que era un árbol inmortal, no necesitaba las hojas para obtener energía del sol, así que se deshizo de ellas, las ramas solo las necesitaba para sostener las hojas, así que también se deshizo de ellas, el tronco solo sostenía las ramas, de modo que no tenía sentido conservarlo y, desapareció, por último las raíces sólo servían para alimentar al resto del árbol que ya no estaba, así que también desaparecieron, la fábula termina allí y puede interpretarse como una invitación a trascender el mundo material, pero a nosotros nos parece que el autor desestima la importancia de los frutos, los frutos son aquello que le da sentido al resto del árbol, sus semillas son aquello que permite que haya nuevas generaciones de árboles y no solo eso, sino que es lo que el árbol ofrece como dulce alimento a los demás seres vivos, así que la invitación es a reflexionar ¿cuáles son mis valores y convicciones? la carrera que elija, la profesión que desempeñe ¿están de acuerdo con mis principios? ¿puedo con mi trabajo contribuir a hacer un mundo mejor?


Hay otra historieta, de René Merino, donde se ve a una niña regando una plantita que después es una joven y después una mujer regando un arbolito que crece hasta volverse frondoso, el texto dice: un día cuando no estés serás lo que hiciste, y es que tu trabajo es lo que haces, y armonizar tu propósito con el propósito de tu labor no solo es bueno para el mundo, sino que también te salva de la enajenación, te dará un sentido de trascendencia, y en última instancia, hará de ti una persona más plena y feliz porque tu trabajo también te hace a ti.


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